jueves, 20 de noviembre de 2008

LA ULTIMA CARRERA.

Justo cuando comencé a mirar fijamente a aquel tipo, él hizo lo mismo.
Se creó un clima tan tenso que no habría sido capaz de soportarlo si no fuera por el odio que le tenía. Me extrañó ver que su mirada contenía la misma rabia que la mía, era imposible que ese desgraciado sintiera lo mismo que yo.
Sin pensármelo dos veces, lancé mi puño rogándole a Dios que fuera capaz de partirle el alma a ese mal nacido. Nuestros puños chocaron brutalmente y vi como se convertía en mil pedazos la imagen que tenía ante mí.
Me sequé las lágrimas y con la mano ensangrentada y llena de cortes me desaflojé la goma que tenía atada por encima del codo.
Comencé a notar como aquel pura sangre cabalgaba de nuevo por mis venas y volví a rogar, esta vez a Satanás, para que esa fuera su última carrera...

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Javi, este es el relato que más me gusta, aunque no me creo que te metas el caballo en vena sin antes comértelo só gordo.

Anónimo dijo...

Me encanta. Javi, sigue escribiendo. No me canso